El Reencuentro
En este cálido agosto de 2025, con cada emisión semanal de la tercera temporada de la serie Foundation en Apple TV+, he estado dándole vueltas al tema de la saga de los robots. La serie no es una adaptación audiovisual calcada de la saga literaria de Fundación. Los creadores de la serie acertaron al ir enriqueciendo con cada capítulo a los personajes que conforman la historia. Es una trama más rica, si cabe, pues integra todo el universo literario asimoviano: las sagas de robots, el imperio galáctico y Fundación.
Especialmente reconozco ahora que mostrar desde los episodios iniciales la existencia secreta de un androide avanzadísimo, indistinguible de cualquiera de las variantes fenotípicas de la extendida raza humana del imperio galáctico, ha sido un gran acierto. Han ido dando interesantes pinceladas a este personaje, del que todavía en lo que llevamos de temporada 3 se entiende que no es simple. Su naturaleza es compleja. Y aunque a los conocedores de las sagas de Asimov el primer visionado nos generó un «hasta aquí hemos llegado, nos han robado la gran sorpresa», en esta temporada se revela como un personaje clave que recuerda mucho al desarrollo que tienen los androides con las famosas Leyes de la Robótica y el posterior desarrollo de la Ley Cero.
Cuando empecé a ver la serie hace un par de años durante su estreno en la plataforma de streaming, iba madurando la idea de volver a leer los libros de la saga de los robots y no la de «Fundación», en orden de publicación, por supuesto. Al menos el ciclo de Elijah Baley. En España se editaron como «Bóvedas de Acero», «El Sol Desnudo», «Los Robots del Amanecer» y «Robots e Imperio».
En «Pongamos que hablo de Asimov» relato cómo este autor llegó a mi vida. Al principio fue la lectura de un desconocido, para luego convertirse en uno de mis autores de referencia, siendo como soy un lector empedernido de ciencia ficción. Volver a leer la saga de los robots ha supuesto hoy día una lectura muy revisionista que ha tenido relevancia para los tiempos que vivimos, con la aplicación práctica del uso de la IA en nuestra vida cotidiana y los avances que han supuesto los movimientos feministas.
La Primera Vez
Con las visitas asiduas a las bibliotecas al inicio de mi adolescencia, Asimov ya me era conocido, pero no leído. Mi primer contacto visual fue aquel libro que años antes cayó de manera fortuita en mis manos por «culpa» de un concurso de dibujo de la editorial Bruguera. Los contactos con Asimov fueron azarosos, desordenados y frustrantes. Había leído los libros que estaban disponibles durante mis incursiones en la biblioteca: la gran mayoría relatos cortos sobre robots, e incluso leí «Un viaje alucinante». Un día había llegado un lote de libros nuevos a la biblioteca del barrio, y algunos de los bibliotecarios conocían nuestras recurrentes peticiones. Una tarde, después de salir del colegio, cuando estaba en el mostrador de préstamos devolviendo algunos libros, se me acercó uno de ellos y me dijo que tenían algunos ejemplares de Asimov nuevos sin estrenar y que si me quería llevar alguno. No dudé. Con mi desconocimiento de la obra del autor, me llevé un ejemplar nuevecito de «Los Robots del Amanecer». No tenía ni idea de qué suponía la lectura de este libro. En principio, el título me sugirió que sería una lectura entretenida, como mínimo.
La lectura me resultó frustrante al principio del libro. En los párrafos iniciales ya sospechaba que la narración daba por supuesto que los personajes eran recurrentes y que posiblemente ya «salían» en otros libros escritos anteriormente. No suponía un problema grave para la lectura, pero los primeros párrafos son reencuentros: no solo de los personajes, sino también del entorno en el que se desarrolla la acción. Con las relecturas durante años posteriores, este esquema del universo de la saga de los robots de Asimov se fue enriqueciendo y expandiendo, rellenando los huecos y, sobre todo, ayudándome a entender los conflictos de los personajes.
Especialmente ha sido el personaje de Gladia Delmarre del que más he cambiado mi percepción. En mi primera lectura desordenada, no entendí siquiera las motivaciones y hechos que explícitamente se narran sobre ella. No entré en ningún tipo de análisis. Intentaba seguir la narración sobre el misterio que tenía que resolver Elijah. Yo era una persona adolescente e inmadura y solo quería leer por puro ocio y disfrute.
Las revelaciones
En lecturas posteriores, no solo empecé a comprender el conflicto vital del personaje de Gladia, sino que también supuso el inicio de una lectura más analítica y crítica. Durante mi maduración personal y afectivo-sexual en la veintena y treintena, volvía a leer en alguna temporada estos libros de la saga de los robots. Pero de forma desordenada nuevamente. Es que, de hecho, todavía no sabía que llevaban un orden de lectura. Con la llegada de internet fui entendiendo que estos libros estaban conectados y que debían leerse en orden de publicación para tener la visión completa.
Los personajes de la solariana Gladia y el robot androide aurorano Daneel han ido cambiando perceptivamente a lo largo de las diferentes relecturas. Con cada una, Gladia ha sido quizás la que más ha cambiado. Pero «El Sol Desnudo» había quedado sepultado en mi memoria. Había sido la pieza olvidada. La presentación de Gladia en ese libro sería la que cambiaría cómo percibo este personaje hoy día. Daneel, en cambio, es más analítico y a la vez más empático a lo largo de todo el arco narrativo. Pero termina tratando a la humanidad como un todo, ajeno a los individuos, dejándolos a merced de sus propias maquinaciones. Y termina siendo para mí un personaje poco querido. A pesar de que en los primeros libros se le presenta como indistinguible de un humano, casi indetectable, infantilizado y fraternal. De tal forma que en los primeros libros de la saga, Daneel es agradable y entrañable para luego convertirse en un personaje frío a pesar de su objetivo de preservar a la humanidad a toda costa de los peligros de su propio holocausto galáctico. Y evolutivamente, con cada relectura, cada vez me resulta más costoso volver a leer «Robots e Imperio». En este libro Gladia es una suerte de individuo transhumano, mientras que Daneel sigue con sus maquinaciones para «salvar» a la humanidad. Esto poco tiene que ver con la saga de los robots y se parece más a «Fundación».
Con el paso de cada relectura, es curioso que me haya centrado más en el conflicto de los personajes humanos con la tecnología que en la maravilla y fascinación por el hecho en sí de la existencia de la tecnología robótica que se muestra y relata. El sentimiento de maravilla releyendo cada uno de los libros va dejando paso al foco en los conflictos que tienen los personajes humanos rodeados de tanta tecnología que los engulle, hasta tal punto que cada sociedad relatada en los libros tiene sus propios problemas: ya sea por exceso de uso de la tecnología, en concreto la robótica, o por la ausencia total de la implantación de estos esclavos mecánicos e inteligentes.
Tampoco percibía a Gladia como el personaje más conflictivo e interesante. Al principio la veía como un elemento de pretexto para narrar todo el universo tecnológico referente a los robots y la humanidad. Y ha sido a lo largo del tiempo cuando he ido entendiendo que el «problema» de Gladia era el problema real de los humanos sepultados por tanta tecnología que los sustituye. Y que vivir en la utopía de la alta sustitución operativa, la asepsia y la gran longevidad termina produciendo una inmensa alienación emocional y afectiva hacia los propios semejantes.
La última relectura
Como comentaba al inicio, la última relectura ha supuesto una comprensión diferente de la obra. En muchos aspectos influida por los cambios en la percepción de la mujer en nuestra sociedad occidental. Si esta obra volviera a escribirse, seguramente el desarrollo narrativo del rol de género femenino sería diferente. Es posible que mis lecturas de las obras literarias de autoras de ciencia ficción más recientes como Kameron Hurley, Martha Wells, o Ann Leckie hayan tenido más que ver, incluso más que autoras tan relevantes como las maestras Ursula K. Le Guin o Connie Willis, entre otras pioneras en este mundo literario tan masculinizado. Tal es así que en la adaptación del universo literario de Asimov al mundo audiovisual como Foundation, muchos de los personajes heroicos son actualmente femeninos, pero se mantienen los personajes masculinos originales de representación de poder. En el caso del androide ultrahumanizado, todavía está por ver cómo trasciende el rol de género, en principio feminizado.
Pero volvamos a la obra original de la saga de robots. Los roles femeninos, salvo el caso del desarrollo de Gladia, están anclados en visiones consideradas hoy como machistas y patriarcales. El caso más paradigmático es el de la esposa de Elijah Baley, Jessie Baley. Otro personaje femenino «limitado» es el de Vasilia Fastolfe, hija del creador del androide Daneel.
En «Bóvedas de Acero», la sociedad humana de la Tierra, en concreto la Ciudad de Nueva York, está estructurada en lo que podríamos llamar tradicional-conservadora. La estructura social mínima es la familia de hombre-mujer y su prole como aspiración máxima. El hombre es el trabajador que provee de recursos a la familia y la mujer se dedica al cuidado exclusivo de la familia. Hay una dualidad social en el trato intragénero dictada por el uso de las estancias dedicadas a la higiene personal: irremediablemente colectivas pero segregadas por sexo. Los hombres intentan evitar el trato directo, hablándose y mirándose entre ellos lo justo y necesario. Las mujeres acceden a una gran red de comunicación no oficial y logran crear un entorno seguro en el que expresarse sin prejuicios sociales, aunque dentro de sus predispuestos roles de cuidado doméstico.
Este modelo de organización colectiva es forzosamente necesario para la preservación de la humanidad en la Tierra al no interferir con el medioambiente exterior, pero los lleva a un modelo social de alta especialización individual en el que los robots no interfieren, ya que se supone que operan en el exterior. En el interior de los túneles, la humanidad se organiza colectivamente para su supervivencia, dejando que solo unos pocos puedan aspirar a disfrutar de alguna cuota de privilegios individuales.
La humanidad de la Tierra y los transhumanos Spacers que pueblan los planetas ya colonizados hace siglos mantienen una división de extranjería hasta el punto de no considerarse iguales. En esta tensión de humanidad dividida y de rechazo mutuo aparece el personaje femenino de Gladia Delmarre y el resto de solarianos relacionándose con el perplejo y enfadado terrestre Elijah Baley.
Gladia Delmarre es una mujer incomprendida dentro de la altamente aislada sociedad humana de Solaria. Este personaje femenino es usado por Asimov para crear el acercamiento práctico entre la humanidad de la Tierra y el resto. El alto aislamiento geográfico de los habitantes humanos de Solaria les confiere una alta inmadurez en el área de las relaciones sociales. Especialmente inmaduros en el aspecto afectivo-sexual, producto de la práctica de la telepresencia audiovisual en la interacción social de una sociedad de individuos separados por vastos terrenos geográficamente inabarcables en la rutina de la vida cotidiana, incluso con la alta tecnología disponible.
El «problema» de Gladia en sus sucesivas «liberaciones» en el terreno afectivo-sexual, en el planeta Solaria y posteriormente en Aurora, es un instrumento a priori de progresión social usado por Asimov que hoy día podría entenderse como un rol de mujer limitada y falsamente empoderada. La describe como una mujer altamente dependiente de una figura masculina, hasta el punto de hacerla caer en la trampa de «usar» un androide para poder satisfacer su aprendizaje personal afectivo-sexual. Trampa porque el androide no deja de ser un esclavo y, por tanto, la parte de consentimiento, algo importante en este tipo de relaciones, es nula. Esta tesis se refuerza por el hecho de que Fastolfe considera a Gladia una hija, y sus obligaciones de enseñanza en el buen hacer aurorano son desatendidas, dejándola de nuevo a merced de una mala experiencia. Esta victimización de Gladia actualmente es vista como un ejemplo de personaje femenino limitado. Incluso en la última «liberación» afectivo-sexual perpetrada por Gladia supone, de nuevo, que no existe un consentimiento explícito, abriendo otra vez un conflicto que la limita y la deja caer en un matrimonio con grandes sesgos de resignación con el fin de integrarse en la sociedad aurorana donde vive.
Esta dinámica de falsa liberación de la mujer y dependencia de estructuras patriarcales que sufre Gladia no es un caso aislado. El clan Fastolfe, Han y su hija Aliena-Vasilia, vuelve a ser la causa de esta redundante limitación de la mujer en la saga de robots. El padre no ayuda a la hija a madurar sexualmente según la cultura aurorana, originando otro conflicto de mujer limitada. La hija de Fastolfe es una reconocida científica hecha a sí misma, militante política y enfrentada a su padre en todos estos aspectos. Esto hace de Gladia, de nuevo, una mujer inmiscuida de manera involuntaria en esta lucha paterno-filial y usada por los intereses de cada parte implicada, de la que nuevamente termina «liberadamente» herida.
Esta visión tan crítica no cambia mi admiración por Isaac Asimov. Estoy seguro de que si su vida no hubiera estado truncada por la enfermedad y hubiera sido espectador de los cambios de las últimas décadas del inicio del siglo XXI, lo habríamos escuchado reconocer que su base de creencias culturales y políticas se fue adaptando sobre la base del pensamiento humanista. Es muy manido decir de hombres que nacieron y crecieron durante el convulso siglo XX que fueron producto de su tiempo. Lo más loable de la figura de Asimov es que, a pesar de ese anclaje cultural, se permitió al menos hacer un ejercicio de pensamiento muy avanzado para su época.
De la misma manera, yo mismo he ido evolucionando. El ejercicio de la relectura es determinante en la maduración personal. En mi caso ocasionó que mi parecer sobre el devenir de la humanidad y mis propias experiencias vitales siempre tuvieran ese poso crítico y de adaptación. En muchos casos generando extrañeza en mi entorno por expresar opiniones bastante radicales para mi contexto cultural. Radicales sí, pero siempre dentro de las reglas de juego del respeto mutuo y la tolerancia, para vivir dentro del marco de convivencia en libertad y respeto.
El dilema tecnológico actual
Las tecnologías al servicio de la humanidad que Asimov expone como contraste entre el transhumanismo tecnológico de escasos individuos extremadamente longevos de los Spacers en contraposición a la humanidad de vida breve y hacinada cobran un sentido más actual, si cabe. Ya tenemos síntomas de comportamiento humano en el que los modos de comunicación mediante dispositivos imperan frente al contacto orgánico y directo. Una rudimentaria telepresencia nos está empezando a crear hábitos muy parecidos en esencia a los que tienen los solarianos. Y hay casos patológicos de personas que rehúyen el contacto físico pero que, sin embargo, hacen uso cotidiano de las tecnologías de comunicación interpersonal, interactuando incluso con otros individuos de su misma condición. Quién sabe cómo reaccionará la humanidad o cómo evolucionará socialmente este uso tecnológico. ¿Seremos como los solarianos, a medias como los auroranos o reaccionarios como los terranos?
Además de la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, el inicio de aplicaciones prácticas del uso de la robótica y la inteligencia artificial generativa, con el horizonte en la IA General, pone de actualidad, de nuevo, la saga de los robots. Las leyes de la robótica expuestas por Asimov son motivo de inicio de conversaciones de opinión en los círculos informales e incluso en los académicos. Pero hay que tener en cuenta que es sólo un ejercicio de anticipación y, como tal, el valor debe ser únicamente el de haber plantado la semilla de una posibilidad futura. Mucha gente se enfrasca en discusiones apasionadas sobre si lo propuesto tiene valor real o no.
Lo interesante de estas anticipaciones es que a quienes conocemos la obra de Asimov no nos resulte extraño que la evolución tecnológica de la humanidad tuviera esta vertiente roboticista. Sabíamos que iba a llegar tarde o temprano. Pero la cuestión es que, aun siendo conscientes de estas anticipaciones, no se hable de manera seria de lo que supone para la civilización humana.


